Capítulo 9

Este capítulo no va sobre Suiza en concreto. Va sobre algo a lo que llevo dando vueltas meses y que hoy he decidido implementar, poner en marcha y dejar de solo pensarlo.

Los que me conocéis personalmente sabéis que soy una chica de muchas ideas. Demasiadas a veces. Se me ocurren miles de cosas pero no siempre pongo todas en práctica. Como varias veces he comentado con algunos de los que leerán esto, siempre he deseado que la vida fuera como esos libros que tienen miles de finales posibles. (Si no sabes de qué te hablo haz click en la frase anterior que Wikipedia te lo cuenta).

Y en realidad, la vida es como esos libros. Solo puedes acabar la historia eligiendo entre las diferentes opciones que te guiarán entre sus páginas. Y al terminar, no habrás leído todas las páginas, pero habrás leído las que pertenecen a tu historia. Las páginas que tus elecciones te han hecho vivir. Pero yo, que lo quiero todo, siempre he anhelado que la vida fuera como tener un libro ENTERO de esos. Y una vez llegados al final, volver atrás y empezar de nuevo, y elegir diferente, y ver qué pasaría y vivir todas las vidas posibles.

Esta mañana, me he dado cuenta de eso que dice Bauman de que vivimos en la modernidad líquida. En una sociedad en la que el deseo se vive en clave de sentimiento. En la que lo único que marca la vida es el sentimiento, “¿qué es lo que persigo? lo que siento. Siento que me llena esto -lo persigo. Siento que me llena esto -lo persigo.” Eso es una visión del deseo tremendamente pobre. Porque por esa regla de tres también puedes sentir miedo y no perseguir algo porque el miedo te paraliza.

Pienso que hay que ordenar los deseos, que es importante conjugar el deseo con la cabeza, con lo que uno quiere, piensa y comprende. Todo eso es deseo. Y hay que ordenarlo, para no caer en ese quererlo todo pero no tenerlo nada.

(Esto se está convirtiendo en una clase de filosofía, lo sé, me gustaban mucho)

Yo aquí en Zurich soy casi siempre la pequeña del grupo. Aquella a la que le preguntan: “pero..¿tú.. cuántos años tienes?”. Y a la que tras la respuesta de “veintidós”, añaden “ah, eres muy joven/pequeña entonces”. (Seguido de “te queda mucha vida por delante, no te agobies todavía, patatín patatán”).

Y yo no lo veo ni muy joven ni muy mayor. Veintidós. Veintitrés en agosto y que vengan los que tengan que venir después. Pero sean los números que sean, primos o pares, no quitan que quizás son el momento en el que estemos frente al mayor número de puertas en las que elegir entrar. Y aunque creo que, tengas la edad que tengas, siempre puedes elegir qué vida vivir. No es lo mismo estar con 46 una hipoteca, quizás marido, hijos, coche y un perro. Que con veintidós/tres sin más. La libertad de ahora es mucha (si naciste/vives en un país sin guerra y “desarrollado” como lo llaman). Y creo que las puertas que abras ahora tendrán relevancia en cómo será tu futuro mañana.

Cuando terminas la carrera parece que todo el mundo que no sabe qué hacer tiene dos opciones: hacer un máster o hacer un máster. Cosa que a mí no me convencía y que por eso no hice un máster. Terminas la carrera y te quedan por descubrir miles de cosas. ¿Cómo vas a saber en qué te quieres especializar?

Si fueran más baratos todavía. Pero creo que muchos que acaban la carrera y empiezan un máster es porque da miedo que al acabar el verano no tengas sitio al que volver. Que no haya clases a la vuelta en septiembre ni temario de apuntes que estudiar. Llevamos prácticamente desde los cuatro años con septiembres de vuelta al cole.

En mi caso me gusta la comunicación de marca, el ecodesign, el diseño de muebles y el packaging. (Y más cosas que seguramente aun no he descubierto). Pero nunca he experimentado que es solo dedicarte 100% a hacer ecodesign, packaging o muebles día tras día. (Quizás comunicación de marca sí, pero aun así me gustan otras cosas de las que quiero aprender y conocer).

Por eso he decidido que voy a hacer el máster de mi vida. Uno adaptado a mis necesidades, a lo que necesito aprender, desarrollar y perfeccionar.

Empiezan los días en los que seguir disfrutando de Suiza y empezar a preparar lo que está por llegar.

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